Los tres modelos de precio: por ejecución, por operación y por infraestructura propia
Cuando una empresa peruana evalúa automatización sin código, casi siempre termina comparando n8n, Make y Zapier en la misma pestaña del navegador, y la comparación falla desde el inicio porque las tres no cobran por lo mismo. n8n factura por ejecución de workflow completa: no importa si el flujo tiene tres nodos o veinte, cada vez que se dispara de principio a fin cuenta como una sola ejecución contra tu cuota mensual. Zapier factura por tarea (task): cada paso dentro de un Zap consume una tarea, así que un flujo de cinco pasos que corre una vez ya gastó cinco tareas, no una. Make usa una lógica parecida a la de Zapier pero la llama operación (operation), también contada por paso, aunque su motor permite condicionar y agrupar pasos de forma distinta y eso cambia cuántas operaciones consume un mismo proceso en la práctica. Hay una cuarta variable que ninguna tabla de precios resume bien: n8n tiene una edición community, gratuita y de código abierto, que corre en tu propia infraestructura sin el límite de ejecuciones que impone el plan cloud del fabricante — el único límite ahí es el hardware que le des. Ni Make ni Zapier ofrecen esa salida: ambas son exclusivamente SaaS en la nube del fabricante. Esa diferencia de modelo, más que el precio del plan de entrada, es lo primero que determina cuál herramienta puede seguir sirviendo cuando el proceso automatizado deja de ser un experimento y pasa a producción.
Cuánto cuesta cada uno en soles, a distintos volúmenes (agosto 2026)
Los tres publican sus precios en su propia página oficial, y conviene mirarlos ahí directamente porque cambian con frecuencia — esta comparación se hizo con los precios vigentes al 24 de agosto de 2026 y usa el tipo de cambio de referencia de xe.com a esa fecha (1 USD ≈ S/3.35, 1 EUR ≈ S/3.92) solo para dar una idea de magnitud, no como cotización exacta para un contrato. n8n cobra en euros: el plan Starter cuesta 20 €/mes con facturación anual (aprox. S/78 al mes) e incluye 2,500 ejecuciones mensuales con 5 ejecuciones concurrentes; el plan Pro sube a 50 €/mes (aprox. S/196) con 10,000 ejecuciones y 20 concurrentes; el plan Business llega a 667 €/mes (aprox. S/2,615) e incluye la opción de self-hosting gestionado y SSO. Zapier cobra en dólares y por tarea: el plan gratuito da 100 tareas al mes con Zaps de solo dos pasos; el plan Professional arranca desde $19.99/mes (aprox. S/67) y habilita Zaps multipaso y apps premium sin límite; el plan Team parte de $69/mes (aprox. S/231) para 25 usuarios. Make también cobra en dólares por operación: el plan gratuito da 1,000 operaciones al mes con máximo dos escenarios activos; Core cuesta $9/mes (aprox. S/30) por 10,000 operaciones; Pro sube a $16/mes (aprox. S/54) con las mismas 10,000 operaciones pero más funciones; Teams llega a $29/mes (aprox. S/97). A volumen bajo, Make suele ser el más barato de los tres SaaS; a volumen alto con workflows complejos de muchos pasos, el modelo por ejecución completa de n8n suele ganar, porque un workflow de diez pasos sigue contando como una sola ejecución.
Qué se rompe primero en cada herramienta cuando el volumen crece
El problema no siempre es el precio del plan, es qué pasa cuando el proceso automatizado crece en complejidad, no solo en volumen. En Zapier y Make, cada filtro, cada rama condicional y cada paso de formateo de datos que agregas para que el flujo sea confiable consume su propia tarea u operación — un Zap "simple" de tres pasos fácilmente se convierte en uno de ocho una vez que le agregas manejo de errores y validaciones, y el costo sube en la misma proporción aunque el volumen de eventos no haya cambiado. En n8n hospedado, el límite que se siente primero no es el de ejecuciones sino el de ejecuciones concurrentes: el plan Starter permite solo 5 en paralelo, así que si varios workflows se disparan al mismo tiempo (por ejemplo, un webhook de WhatsApp con tráfico en punta), algunos quedan en cola. En n8n self-hosted ese límite desaparece, pero aparece otro: la disponibilidad y el mantenimiento pasan a ser responsabilidad de quien opera el servidor, no del proveedor. Ninguna de las tres opciones es gratuita de mantener a escala; simplemente el costo se mueve de la factura mensual a la ingeniería de workflows (Zapier/Make) o a la infraestructura y el equipo técnico (n8n self-hosted).
Self-hosting: la opción que casi ninguna comparativa menciona
La mayoría de comparativas en español entre estas tres herramientas se queda en la tabla de precios de la nube y no menciona que n8n, a diferencia de Make y Zapier, se puede correr enteramente en un servidor propio con la edición community, sin pagar nada a n8n por ejecuciones. Eso no lo hace automáticamente la opción más barata: implica levantar y mantener un servidor (o un contenedor Docker), gestionar backups, actualizaciones de versión y credenciales de las integraciones, tareas que en el plan SaaS asume el proveedor. Para una empresa peruana con volumen alto y estable de ejecuciones — por ejemplo, un flujo de conciliación que corre miles de veces al día — el punto de quiebre suele favorecer al self-hosting porque el costo deja de escalar con el volumen y pasa a ser el costo fijo del servidor más el tiempo de una persona que lo mantenga. Para un negocio con pocos procesos automatizados y sin equipo técnico dedicado, ese mismo mantenimiento es exactamente el costo que un plan SaaS evita. La pregunta correcta no es "¿cuál cuesta menos por ejecución?" sino "¿tenemos, o queremos tener, la capacidad de operar infraestructura propia?" — y esa respuesta rara vez está en una tabla comparativa de features.
Migrar de Zapier o Make a n8n: qué se lleva y qué no
Cuando una comparación de precios convence de cambiar de herramienta, la siguiente pregunta es qué tan costoso es el cambio en sí. Ni Zapier ni Make ofrecen una exportación directa a n8n: no existe un importador oficial que traduzca un Zap o un escenario de Make en un workflow de n8n funcionando. Lo que sí se traslada es la lógica: cada Zap o escenario tiene una secuencia de disparador, condiciones y acciones que se puede documentar y reconstruir como workflow en n8n, nodo por nodo, y en general las integraciones equivalentes (Google Sheets, WhatsApp Business, un CRM, un webhook) existen en los tres. Lo que no se traslada automáticamente son los históricos de ejecución ni las credenciales guardadas, que hay que volver a autorizar en la nueva herramienta. En la práctica, migrar un flujo simple (dos o tres pasos) toma minutos; migrar uno con varias ramas condicionales y manejo de errores puede tomar días si se quiere igualar el mismo nivel de robustez, no solo replicar el camino feliz. Por eso conviene decidir el modelo de precio correcto antes de construir decenas de automatizaciones sobre una herramienta, y no después: la migración no es imposible, pero tampoco es gratis.
Cuándo conviene cada una
No hay una respuesta única, hay un punto de decisión según tres variables: volumen de ejecuciones, complejidad de los workflows y capacidad técnica del equipo. Zapier tiene sentido cuando el equipo no es técnico, el catálogo de integraciones nativas es el más amplio de las tres, y los flujos son pocos y simples — el costo por tarea escala rápido, pero para diez o veinte automatizaciones puntuales sigue siendo la ruta de menor fricción. Make conviene cuando se necesita más control visual sobre la lógica (ramas, iteradores, agregadores) sin llegar a programar, y el volumen de operaciones es moderado; su relación precio-funcionalidad en los planes de entrada suele ser mejor que la de Zapier. n8n conviene cuando el volumen es alto, los workflows son complejos (muchos pasos por ejecución, donde el modelo de cobro por ejecución completa favorece), o cuando la empresa ya tiene o puede sostener capacidad técnica para self-hosting y quiere evitar depender de un proveedor externo para procesos críticos del negocio. Ninguna de las tres es la opción "correcta" en abstracto: la pregunta que khipura le hace a un cliente antes de recomendar una es cuántos workflows corren hoy, cuántos pasos tiene el más complejo, y quién va a mantenerlos dentro de un año, no solo la semana en que se implementan.
Lo que khipura revisa antes de recomendar una de las tres
Cuando un cliente peruano nos pregunta cuál de las tres elegir, la respuesta nunca empieza por el precio. Primero pedimos ver el proceso que se quiere automatizar completo, no la versión simplificada que suele aparecer en la primera conversación: cuántos sistemas toca (CRM, WhatsApp, facturación, hojas de cálculo), qué pasa cuando un paso falla a la mitad, y con qué frecuencia real corre — no la frecuencia estimada, sino los picos de tráfico que va a tener que soportar en el peor mes del año. Con eso se puede calcular el número de ejecuciones, tareas u operaciones que va a consumir cada herramienta y comparar el costo real, no el del plan de entrada. Después miramos si el equipo del cliente tiene, o puede tener en un plazo razonable, capacidad para operar infraestructura propia; si la respuesta es no, descartamos self-hosted aunque sea la opción técnicamente más barata a su volumen, porque un servidor sin nadie a cargo termina costando más en incidentes que lo que ahorra en licencias. Solo con esas dos piezas — el perfil real del proceso y la capacidad operativa del equipo — tiene sentido comparar tablas de precios; sin ellas, cualquier comparación es una apuesta sobre supuestos que probablemente no se van a cumplir en producción.
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